El español hispanounidense: parte 2
En esta segunda parte, más ejemplos de hispanounidismos muy comunes, términos utilizados en el castellano de Norteamérica que son producto de la contaminación y distorsiones orales y escritas influidas por el idioma inglés.

Por Emilio Bernal Labrada, Academia Norteamericana de la Lengua Española
(Segunda parte, lee la primera parte aquí)
En la parte primera hemos dado ejemplos de hispanounidismos muy comunes, por no decir de moda, en estos días espanglófonos. A ellos vamos a agregar los siguientes.
“Empoderar”, “empoderamiento”. Estas voces perfectamente transliteradas del inglés (to empower, empowering) no se justifican en nuestro idioma. Además de los equivalentes “potenciar”, “potenciación”, tenemos “fortalecer”, “fortalecimiento” y, en último caso, “dar poder”. ¿Para qué inventar vocablos de la nada cuando contamos con los ya establecidos que significan lo mismo?
“Membresía/membrecía” es otra castellanización, esta vez de “membership”, engendrada por quienes se creen que no hay término hispano equivalente. Se equivocan: para eso existe la voz “afiliados” y, si no parece encajar bien, puede usarse simplemente “miembros” o “socios”. Si “membership” se refiere a un importe monetario, dígase “cuota”, “cuota de ingreso” o “cuota anual”. Así de sencillo.
LA TRADUCCIÓN PUBLICITARIA
No llegamos a considerar, en la primera parte, un tema de mucho peso: la repetición de frases y voces que llegan a asentarse en el vocabulario colectivo y que, por consiguiente, adquieren gran fuerza en la lengua escrita y hablada. En ello incurren los conceptos publicitarios que, en lugar de adaptarse, se transliteran.
Es axiomático que los juegos de palabras, dichos ingeniosos y gracejos que son intrínsecos a la lengua de origen rara vez se prestan a una traducción literal.
Los casos que citaremos son ejemplos verídicos tan disparatados que producen efectos negativos, desconcertantes o desopilantes. No hace mucho, una gran empresa cervecera introdujo una lata con “cold indicator” (un segmento del envase se ponía azulado a baja temperatura) y salió al mercado proclamando que tenía “frío indicador”, ¡en vez de “indicador de frío”!
Los muñecos “chocones” (crash-test dummies) que tenían por lema “you can learn a lot from a dummy” y que en aras de la seguridad se publicitaron durante decenios, repetían este lema como si fuera un ingenioso acierto: “usted puede aprender de un muñeco tonto”.
La redundancia es tan obvia como el agua destilada. Claro, debieran haber dicho “hasta un muñeco lo sabe” (¡lo tonto era la traducción!).
Está de moda el criterio de que la mezcla con idiomas ajenos tiende a “enriquecer” el nuestro; cierto es que ello comporta cierta atracción filosófico-intelectual en cuanto a mantener una actitud abierta a los cambios e innovaciones. O sea, la tan proclamada “corrección política”, trasladada al campo lingüístico.
Pero es cuestionable que a la larga ello sea positivo, pues tiende a socavar y agrietar los cimientos seculares de cualquier lengua y, a fuer de repetición, afianzarse en los más recónditos e insospechados lugares.
Al contrario de lo que muchos piensan, las academias de la lengua, al unísono con sus individuos y afiliados (que no “membresía”), no debieran vacilar ante su deber y responsabilidad de sentar pautas, fijar rumbos y dar paradigmas dignos de émulo.
El espanglés es un fenómeno de limitado alcance que no deberá hacernos mella si, en vez de dedicarle estudios y reconocimientos, le hacemos menos caso y lo combatimos dando buenos ejemplos.
Emilio Bernal Labrada, de la Academia Norteamericana, es autor de: EL BUEN USO IMPIDE EL ABUSO / GOOD USAGE PREVENTS ABUSAGE, ASESINATOS IMPUNES Y CRÍMENES DE CASTRO EN LA VIDA PÚBLICA DE EE.UU., LA PRENSA LIEBRE O LOS CRÍMENES DEL IDIOMA, y otras obras. Pedidos a emiliolabrada@msn.com o a amazon.com. “La fuerza sin razón es la sinrazón.”


