“Me pegó en la cara”. Una madre latina acusa a una escuela por el presunto maltrato a su hijo de 3 años por una maestra
Según Yeimi Herbert, a su hijo Ronaldo le pegaron con “la mano abierta” en la cara, luego con el puño en el estómago y después lo empujaron contra la pared y se golpeó la cabeza.
Ronaldo Hernández aún no tiene 4 años. Cuando le comentaron que empezaría a cursar el primer año de la escuela el 13 de septiembre en la escuela Baltimore Montessori Public Charter School, en Baltimore (Maryland), da muestras de felicidad, de gozo. Conocerá a muchos niños y jugará con ellos. Y así fue.
Le preguntamos cómo estuvo su día y dijo que “muy bien. El segundo día, también“.
En un video tomado de camino a la escuela por su madre Yeimi Herbert, el pequeño Ronaldo responde afirmativamente cuando su madre le pregunta si está feliz, mientras sigue su marcha con una mochila al hombro que lleva impresa la frase “No excuses”.
Pero todo cambia después del tercer día de clases, según su mamá. Su reacción no fue la misma, no responde a preguntas concretas sobre su experiencia escolar, como lo hizo los días anteriores. El jueves 16 de septiembre, Herbert recoge a su hijo y lo nota impaciente.
—Me dice que quiere hacer pipí, y le pregunto por qué no le dijiste a la maestra, y me dice que la maestra está enojada con él, que estaba ocupada en el teléfono y le pidió que no me dijera nada.
Lo lleva a un lado de la calle, detrás de un carro, para que Ronaldo orine. Orina mucho, tarda. La madre le pregunta nuevamente al niño por qué no pidió permiso para ir al baño en la escuela. El pequeño responde de igual forma, que la maestra le pidió “que no le cuente a mamá”.
—Pero, mi amor, a mí me tienes que decir todo.
—No, mami, no.
Se suben al carro.
—Es que, mami, Miss Maya me pegó en la cara.
Al llegar a casa, Ronaldo cuenta la misma historia a su hermana y luego a su padre varias veces: Miss Maya le había pegado con la mano abierta en la cabeza, luego con el puño en el estómago y que lo empujó contra la pared donde se pegó la cabeza, que ahora le duele.
Ronaldo no puede explicar por qué. Su mamá le graba un video mientras cuenta lo que aparentemente sucedió: se golpea la cabeza, la madre le pregunta “quién te golpeó”, él responde “Miss Maya”. La mamá le pregunta “cómo” y el niño le dice “así” y se autoinflige una cachetada. Nuevamente, Herbert cuestiona “¿quién te pegó?” y Ronaldo dice “Miss Maya”.
—Pero, ¿por qué? Why?
Ronaldo no puede responder. Cumplirá cuatro años en diciembre.
Herbert llama esa tarde a la escuela a reclamar el incidente y la maestra titular de su hijo le responde a través de un correo electrónico que no vio nada, que Miss Maya es una asistente y que ha empezado recién a trabajar este año en la escuela. Herbert exige una reunión con la directora.

Al día siguiente, el viernes 17 de septiembre, Herbert se reúne con la directora Kerry-Ann Malcolm y otros directivos de la escuela. Le preguntan al niño lo sucedido y él repite la misma historia y los mismos gestos: con la palma de la mano se golpea la cara, emulando la presunta acción de la profesora asistente.
—Y la directora me dijo: “Esto es un caso grave, se tiene que reportar a las autoridades. Llamaré a la policía y a servicios sociales para que vayan a tu casa”. Me dije, está bien, no tengo nada que ocultar…
Esa tarde, ya en casa con su hijo, Herbert decide llamar nuevamente a la escuela para saber a qué hora se presentarían las autoridades para tomar su declaración. De acuerdo con Herbert, le responden que va a tomar un tiempo porque hay que llevar a cabo también una investigación interna con el personal de la escuela.
La madre decide entonces reportar el incidente ella misma. Llama a la policía en la tarde, pero nadie se acerca a su domicilio. El sábado 18 de septiembre llama nuevamente a la policía. Aparecen dos oficiales, un hombre y una mujer. Herbert muestra los videos, su hijo cuenta lo sucedido. Llenan un reporte sobre un “presunto abuso infantil” y asignan un número de caso.
El domingo 19 de septiembre, Herbert escribe un correo electrónico dirigido a la directora de la escuela Baltimore Montessori Public Charter School. Entre otras cosas, le informa que su hijo no asistirá a clases porque siente que el plantel no ofrece las garantías para el bienestar de Ronaldo. La directora responde: “Gracias por mantenernos informados”.
—No es posible que esa escuela siga operando cuando es claro que no están preparados para cuidar a niños de la edad de mi hijo. Que nadie se haya dado cuenta del ataque que recibió en esa institución es imperdonable. No es apta para tener niños que no saben expresarse.
Tras la denuncia policial, Herbert recibe la visita de una trabajadora social quien solicita que Ronaldo pase por una evaluación médica mientras exige respuestas sobre lo sucedido con su hijo, quien ahora debe afrontar el reto de asistir a una escuela nueva. ¿Qué dice el distrito escolar? ¿Y las investigaciones?
Primera parte. Lee la segunda parte aquí.

