Los migrantes que no callan: periodistas en el exilio
“Quien arriesga su vida por decir la verdad, merece que el mundo la escuche”, recalca Juan Hernández en esta reflexión sobre el peligoroso oficio del peridismo.

En Los Ángeles conocí a Daniel, un reportero que manejaba Uber. “Vine por seguridad”, me dijo, “pero extraño, más que mi casa: extraño escribir sin miedo.” En el asiento del copiloto guardaba un cuaderno.
Me dijo que él, como muchos, había salido huyendo de un país latinoamericano donde el periodismo ya no era garantía de libertad, sino riesgo de cárcel o exilio. A veces, entre cliente y cliente, escribía crónicas en esas páginas. “Así no olvido quién soy”, susurró.

Hay más casos. Según la Fundación Gabo, la migración forzada de periodistas ha aumentado en América Latina en los últimos cinco años. Nombres como Carlos Fernando Chamorro —exiliado de Nicaragua— o Marvin Recinos, fotógrafo salvadoreño, se han vuelto símbolos de una libertad acosada. Y está el caso de la poeta cubana, María Cristina Garrido, quien recibirá premio en Canadá… si por fin la liberan de un encarcelamiento sin fundamento legal, según expertos.
Uno de los casos más emblemáticos es el de José Rubén Zamora, fundador del medio El Periódico en Guatemala. Zamora fue encarcelado en julio de 2022, acusado de lavado de dinero. Sin embargo, organizaciones como PEN America, Reporteros Sin Fronteras y Human Rights Watch han expresado dudas sobre la legitimidad del proceso. PEN America lo ha llamado “preso de conciencia” y denuncia que su juicio ha estado plagado de irregularidades y represalias.
El pasado 12 de julio de 2025, un tribunal guatemalteco revocó su condena, pero Zamora sigue en prisión mientras espera un nuevo juicio. PEN America afirma que este caso simboliza “el alarmante uso de la justicia para silenciar al periodismo independiente en América Latina” (PEN America, 12 de julio de 2025).
Según Artículo 19, entre diciembre de 2018 y 2024 en México 47 periodistas fueron asesinados en relación con su labor (DW). Al mismo tiempo, Reporteros Sin Fronteras reporta que en los primeros siete meses de 2025 ya han sido asesinados nueve periodistas, casi dos por mes, y lamenta que se trate de trabajadores de medios locales y comunitarios que cubrían temas como corrupción y crimen organizado (El País).
Como explica Artur Romeu, director de Reporteros Sin Fronteras para América Latina: “Pese a los mecanismos oficiales de protección, México sigue siendo el país más peligroso de la región para los periodistas”.
Además, muchos viven ahora en el anonimato, refugiados en Estados Unidos o Europa para poder seguir informando desde lejos, según advierte un experto de la OEA y la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (oas.org).
La presión internacional sigue creciendo. PEN America y otras organizaciones exigen su liberación inmediata. No es cuestión de ideologías. Es cuestión de derechos humanos. Y desde capítulos como PEN Guadalajara, al que pertenezco, no callaremos ante la injusticia ni dejaremos de alzar la voz por quienes escriben con valor desde el exilio o la prisión.
Mi padre —abogado de miles de migrantes en Estados Unidos y también escritor de artículos periodísticos— solía decir: “Quien arriesga su vida por decir la verdad, merece que el mundo la escuche”. A veces lo escuchaba escribir por las noches, o dictar a mi madre en voz baja desde la cocina, cuando ya no había audiencias ni dictámenes ni entregas pendientes. Me enseñó que dar testimonio es una forma de resistencia. Que las palabras también migran.
Por eso, aunque el exilio duela y la cárcel silencie, siempre habrá quien escriba entre cliente y cliente, como Daniel. Siempre habrá quien guarde su libreta cerca del corazón, por si un día el mundo decide volver a escuchar.
Esta columna de opinión fue publicada originalmente en El Sol de México

