De víctima de discriminación, trata laboral y acoso a empresario próspero
José Manuel Díaz experimentó una traumática experiencia de explotación, maltrato emocional y físico. Al final, obtuvo una intrépida solución migratoria.

En una de las paredes de la casa de José Manuel Díaz de León cuelga un cuadro de una litografía impresa con un mensaje bíblico con el titular “Y será llamado… Jesucristo”. La fresa profética es sobre el nacimiento de Jesús.
Es quizás lo que Chepito, de 32 años, como le llaman de cariño al originario del poblado de Champerico, en la costa occidental de Guatemala, más guarda y valora.
—Cuando yo viví lo que me tocó, el maltrato que sufrí, cuando me quedé sin techo, sin muebles, entonces vi ese cuadro que alguien tiró a la basura—, cuenta. —Lo rescaté y siento que cada vez que quiero hablar con Dios, o contarle mi felicidad, mis metas, mis sueños, mis problemas… yo me paro allí y puedo platicar con Él.
Chepito llegó por la frontera a Estados Unidos en 2012, escapando de la discriminación que enfrentaba como miembro de la comunidad LGBTQ+. De inmediato, se dedicó a trabajar en el área de la construcción, primero con su hermano, que reside en Houston, en la remodelación de inmuebles, y luego, tres años más tarde, de forma independiente.
—Pero no fue tan fácil. Cuando decidí independizarme, realmente no funcionaron las cosas como yo pensaba. Al final, terminé trabajando para alguien más.
Fue cuando vivió una experiencia traumática de explotación laboral por parte del personal de su empleador que lo maltrataba física y psicológicamente, y hasta lo acosaron sexualmente. Por si eso fuera poco, le debían varios meses de trabajo.
Cuando reclamaba, lo amenazaban con la deportación, con llamar a la policía por acusaciones de robo sin fundamento ni pruebas.
Ante esa situación y sin dinero para sufragar sus gastos, lo desalojaron de su apartamento y le embargaron el único vehículo que tenía. Cuando reclamó por enésima vez a la empresa por el monto adeudado, lo golpearon.
—No tenía papeles y si yo devolvía los golpes, el que iba a salir afectado era yo, y quedó así.
Con cierto temor, reportó el incidente a la policía. Lo que Díaz no sabía hasta ese momento es que esa acción sería la esencia que tiempo después, le daría el camino a una regularización migratoria.
Lo que más le daba sobresaltos y le frenaba de acusar a sus atacantes eran las dos veces que ingresó de forma irregular por la frontera.
—A mí me castigaron la primera vez con 75 días y la segunda vez con seis meses. Estuve preso.
Díaz asegura que siempre ha tratado de “hacer las cosas bien, no meterme en problemas porque mis sueños eran grandes, mis metas son grandes”.
—Pero tanto era el miedo de estar en mi país por la homofobia, por todo el maltrato físico, psicológico y verbal a la comunidad LGTBQ+, que yo quería permanecer en este país.
UNA SALIDA MIGRATORIA DIGNA
Ante la desesperación y en busca de ayuda, Díaz se refugió con un grupo de amistades de la comunidad LGTBQ+. En un evento organizado por la Fundación Latinoamericana de Acción Social (FLAS), que vela por los derechos de ese grupo demográfico, conoció a la abogada de inmigración Naimeh Salem.
Luego de contarle su situación, la especialista aceptó ayudarlo.
—Yo ya había consultado a varios abogados y me dijeron que no, que mi caso no tenía salida porque yo estaba deportado de por vida.
Después de seis meses, Díaz recibió su permiso de trabajo y le condonaron sus entradas irregulares. Ya ha podido visitar a sus padres en Guatemala.
El caso de Díaz tuvo el amparo del estatus T de no inmigrante, que permite a víctimas de trata humana severa permanecer en el país por un tiempo, acceder a empleo y beneficios, y eventualmente, obtener residencia permanente.
La abogada destaca que las víctimas de cualquier tipo de tráfico laboral pueden beneficiarse de una visa especial que perdona incluso infracciones migratorias graves.
—Incluye no solo el robo de salario, sino también la falta de equipo de seguridad en trabajos riesgosos, exposición a peligros sin protección adecuada, y el uso del estatus migratorio como amenaza—, resaltó Salem.
—Mucha gente tiene miedo de acercarse a un abogado por la falta de conocimiento de este amparo y nunca exploran esa posibilidad—, señaló la abogada.
NUNCA PIERDAS LAS ESPERANZAS
Díaz, casado legalmente desde 2018, es en la actualidad propietario de varias empresas de construcción y remodelación, y una fundación sin ánimo de lucro que asiste a niños y ancianos en su pueblo natal con medicinas, dispositivos médicos, vestimenta, alimentos y becas.
—Se dictan clases bíblicas para ampliar la palabra a los jóvenes, que es muy importante para que tengan en un futuro amor a Dios y para que sus vidas vayan en un camino recto.
Los planes futuros de Díaz incluyen ser padre de familia y establecer otra empresa de construcción de casas nuevas.
Siempre tiene presente a su infancia en Champerico, donde “los sueños parecían inalcanzables” pero siempre anhelando ser una persona de bien, de poder ayudar a sus padres y a los más marginados de su región.
Su mensaje a los inmigrantes en estos momentos difíciles es que nunca pierdan las esperanzas, que alcen sus voces y que denuncien los maltratos a los que son víctimas.
—Para ello hay que buscar gente profesional, que sepa del tema para que nos pueda ayudar, para que nos pueda guiar y claro que sí, yo sé que sí se puede lograr un estatus o un alivio migratorio en estos momentos que son realmente de mucho pánico, de mucha angustia.
Díaz se encuentra en espera de su residencia permanente.







