“Me dibujó un mundo de maravillas”: Crónica de una estafa (de inmigración) anunciada
Las cuidadosas palabras que un presunto oficial de inmigración usaba, su gentileza, su ficticio don de gentes y su constante mención de Dios convencieron a una inmigrante colombiana de participar en un programa migratorio ficticio.
La advertencia es la misma, pero las desgracias se siguen repitiendo: Cuídate del bueno…
“Nunca sospeché [de sus malas intenciones] porque me hablaba de Dios”, dice Paulina Cera, originaria de Cartagena, Colombia, y que lleva más de cinco años en los Estados Unidos.
A mediados del 2023 cayó presa de un embaucador que le robó, dice, sus “sueños, ilusiones y miles de dólares” al ofrecerle una atractiva oferta migratoria.

Según cuenta, confió y creyó en las palabras de quien dijo llamarse “Miguel González”, un supuesto oficial de inmigración que la contactó a través de redes sociales, ofreciéndole participar en un presunto programa (totalmente inexistente, falso) que otorga residencia permanente a migrantes colombianos en Estados Unidos.
Entonces, pensó en poder visitar por fin la tumba de su hijo Euclides Nieto de 22 años, quien se quedó en Colombia y fue asesinado año y medio después de que ella emigrara a Estados Unidos.
“Me habló de un programa de la Embajada de Colombia [en Washington] y la embajada de Estados Unidos en Colombia para personas sin documentos”, narra Cera en entrevista con La Esquina TX.
Las cuidadosas palabras que el impostor de oficial de inmigración de Estados Unidos usaba, su gentileza, su “ficticio don de buena gente” y su constante mención de Dios en la conversación terminaron por convencer a Cera, quien en su país trabajó como maestra, de aceptar participar en el supuesto programa migratorio.

“Me dibujó un mundo de maravillas. Me dijo que en 120 días se estaría aprobando la petición”.
Y el proceso (imaginario) comenzó.
Una vez que Cera mordió el anzuelo, el estafador le confirmó lo que la migrante colombiana esperaba escuchar.
“Tres días después me dijo que había sido aprobada”, recuerda, pero sin tener que olvidar que todo trámite “tenía un costo”.
Primero fue un pago de $300 dólares, luego $180, después $500 hasta enviarle más de $3,600, dinero que Cera enviaba por medio de transferencias a Colombia. En cada envío, asegura, todo parecía real.

VULNERABILIDAD DE LAS VÍCTIMAS: EL DUELO PERMANENTE
Para la colombiana, regresar a su tierra natal para los funerales de su hijo no era una opción viable ante el temor de ya no poder reingresar a Estados Unidos.
La sudamericana vive con su esposo y sus dos hijas Ángely, de 22 años, y Grecia, la más pequeña, de cuatro años, que nació en Estados Unidos y quien padece complicaciones de salud desde su nacimiento.
El estado anímico, la sensibilidad y la tristeza de no poder ir a su Colombia natal a sepultar a su hijo hicieron de Cera una presa fácil del estafador.
“Me quedé sin rumbo. Es lo peor. Un tema fuerte del que trato de no hablar”, dice con evidente angustia ante la desesperación y frustración de no poder ir a darle el último adiós a su hijo y a visitar a su anciana madre.
Pero las palabras de la persona que se hizo pasar por “oficial de inmigración” la convencieron de creer en el imaginario programa migratorio.
“No me lo agradezca a mi. Agradézcaselo a Dios”, afirmó el estafador, a quien Cera le dio un último pago de más de $3,700 dólares.
La desesperación de reponer el dinero que había invertido en este proceso la dejó sin ahorros y por eso no dudó en aceptar participar en un ofrecimiento de préstamo que le hicieron por teléfono y reponer los más de $6,000 dólares que ya había enviado al tal Miguel González.

UN SECRETO BIEN GUARDADO
El maleante la convenció de no confiar a nadie los detalles sobre el inexistente programa migratorio. Así lo hizo Cera. Sin embargo y ante la tardanza de la anhelada Green Card que le estaría llegando por correo, Cera decidió confiarle el caso a la maestra de su pequeña Grecia.
Fue entonces cuando la educadora le aconsejó que llamara a inmigración para revisar el estatus de su caso, por lo cual le pidió un número de solicitud de residencia permanente o Green Card.
Cera llamó al presunto abogado pero éste ya no le contestó sus llamadas.
“El dinero se perdió. Pero lo que me duele es que jugaron conmigo. Pasé seis meses ilusionada”, lamentó.
UNA ESTAFA BIEN ESTRUCTURADA
Tal fue la confianza en las palabras y menciones celestiales que el sujeto decía que Cera no dudó de sus dichos ni de las supuestas cartas y documentos que el individuo le enviaba, y que a primera vista parecían emitidas de la oficina de Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS).
“Los estafadores pretenden ser agentes de inmigración y, al igual que otros impostores del gobierno, solo quieren engañarte para quitarte tu dinero y tu información personal”, dice USCIS en su página de internet.
Cera cuenta que el supuesto oficial de inmigración fabricó todo un esquema para convencerla de que estaba realmente hablando con autoridades de inmigración de Estados Unidos.
Incluso le hicieron participar en una presunta video entrevista con un impostor que se hizo pasar por juez de inmigración en donde utilizaron imágenes que aparentaban estar en una sala de corte, con una bandera de Estados Unidos.
Cera comenta que en ningún momento le vio la cara al estafador porque siempre tenía lentes oscuros y gorra pero asegura que su acento parecía de una “persona mexicana”.
Todo parecía tan real. “Me mandaban fotos, capturas de textos, cartas con sellos de inmigración”, dice.

EL RETO: DENUNCIAR EL FRAUDE
Aunado al dolor irreparable por la pérdida de su hijo, la imposibilidad de ir a visitar a su mamá en su Colombia natal y el miedo, Cera desistió de hacer una denuncia ante las autoridades correspondientes porque no habla inglés.
Intentó comunicarse con la agencia del FBI, pero terminaba por colgar el teléfono cuando le hablaban en inglés. Asimismo dice haber sido presa del miedo ante la angustia de una separación de sus hijas.
“Nunca pude denunciar porque no sé inglés… Me dio miedo de que me separaran de mi hija”, dice.
El mensaje de Cera es claro: “Ya no se puede confiar ni en el que te habla de Dios” y recomienda que hay que tener cautela. “Revisen bien cuando busquen un abogado y que viva cerca”, señala.
Los estafadores son extremadamente astutos y buscan el modo y tiempo perfecto para engañar a sus víctimas, según dice la Agencia Federal de Comercio (FTC, en inglés).
La dependencia recomienda ser cautelosos, especialmente con individuos y empresas o compañías que, en muchos casos, se anuncian en redes sociales.

Claro ejemplo de que podría estar hablando con un estafador es la petición de mantener el acuerdo o negociación de manera confidencial.
Y añade que agencias de inmigración y de ciudadanía de Estados Unidos “nunca aceptan pagos con tarjetas de regalo, criptomonedas o transferencias de dinero”.
“Si alguien te pide que le pagues utilizando alguno de esos medios, es una estafa. Siempre”, advierte la FTC.
Para obtener más información sobre éste y otro tipo de estafas, visita ftc.gov/impostores. En esta agencia también se pueden someter reportes de investigación sobre fraudes y estafas en ReporteFraude.gov.
El Servicio de Inmigración y Ciudadanía de Estados Unidos recomienda presentar una queja o denuncia a las dependencias estatales encargadas como las fiscalías estatales. En Texas, el agraviado puede hacerlo a través de la Comisión del Ejercicio no Autorizado del Derecho del Colegio de Abogados de Texas y de la División de Protección al Consumidor de la Fiscalía General de Texas.
Esta nota fue publicada originalmente el 23 de enero de 2024. En el transcurso de estas dos últimas semanas del año republicaremos las notas más destacadas de este 2024.

