Los consulados mexicanos en la mira del Departamento de Estado
¿Qué pasaría si se reducen los servicios de los consulados mexicanos en Texas?
La revisión iniciada por el Departamento de Estado genera dudas e incertidumbre en medio de una mayor presión migratoria.

El Departamento de Estado de Estados Unidos inició una revisión que podría derivar en el cierre de un número no precisado de consulados mexicanos.
Aunque la agencia no ha explicado con detalle las razones del proceso, la revisión ocurre en un momento de fuerte tensión entre Washington y Ciudad de México por la política migratoria del presidente Donald Trump, asuntos de seguridad, presiones comerciales y acusaciones desde sectores de la derecha estadounidense contra la red consular mexicana.
El posible cierre de consulados tendría un impacto directo en millones de mexicanos que dependen de esos servicios para obtener pasaportes, registrar nacimientos, tramitar documentos oficiales, recibir orientación legal o buscar apoyo cuando un familiar enfrenta detención migratoria.
México cuenta con 53 consulados en Estados Unidos. Esa red atiende a una de las comunidades migrantes más grandes del país y tiene un papel clave en estados con alta presencia mexicana, como Texas, California, Arizona, Illinois, Nueva York y Georgia.
En Texas, donde viven millones de personas de origen mexicano, los consulados son una puerta de acceso a trámites básicos y servicios de protección. Para muchas familias, en especial las que viven lejos de las grandes ciudades, perder una sede consular podría significar viajes más largos, mayores costos y menos apoyo en situaciones urgentes.
“El Departamento de Estado revisa todos los aspectos de las relaciones exteriores estadounidenses para garantizar que estén alineados con la agenda de política exterior de Estados Unidos Primero del presidente y que promuevan los intereses estadounidenses”, escribió en un correo electrónico Dylan Johnson, subsecretario de Estado para Asuntos Públicos Globales.
La revisión también ocurre en el contexto de la ofensiva migratoria del gobierno de Trump. Según el Pew Research Center, los mexicanos representan el grupo más numeroso de personas que viven en Estados Unidos sin autorización, con unos 4,3 millones.
La Casa Blanca ha aumentado la presión sobre México antes de nuevas negociaciones comerciales, ha adoptado un tono más duro hacia su vecino del sur e incluso ha amenazado con acciones militares contra los cárteles mexicanos.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha evitado una confrontación abierta con Trump y ha optado por la vía diplomática. Su gobierno ha enviado altos funcionarios a Washington y ha buscado mantener una relación de trabajo con la Casa Blanca, en parte mediante acciones contra cárteles mexicanos.

Al mismo tiempo, Sheinbaum y su antecesor han sido aliados clave para frenar la migración hacia Estados Unidos y acelerar la deportación de otros migrantes latinoamericanos.
Sin embargo, la mandataria mexicana ha endurecido su postura ante la muerte de mexicanos en centros de detención migratoria en Estados Unidos. Sheinbaum calificó esos casos como “inaceptables” y afirmó que las condiciones en esos centros son “incompatibles con estándares de derechos humanos y protección de la vida de las personas”.
También ordenó a los consulados mexicanos visitar a diario los centros de detención para revisar las condiciones de los ciudadanos mexicanos bajo custodia y ofrecerles asistencia.
Las tensiones entre ambos gobiernos crecieron en las últimas semanas después de que Estados Unidos acusó a varios funcionarios mexicanos de narcotráfico y tras la muerte de dos agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) luego de una operación antidrogas en el norte de México. Sheinbaum dijo que su gobierno no había autorizado esa participación estadounidense.
Ese operativo abrió preguntas en México sobre el alcance de la intervención de Estados Unidos en asuntos de seguridad interna. A eso se suman años de aranceles de represalia entre ambos países, que han añadido presión a la relación bilateral.
Arturo Sarukhán, exembajador de México en Estados Unidos, dijo que una revisión de consulados extranjeros suele ser señal de una relación bilateral en un momento delicado. En el caso de México, afirmó, llega en el peor punto de la relación entre ambos países en décadas, debido a la acumulación de conflictos.
La revisión también ha sido impulsada por una teoría difundida por Peter Schweizer, un escritor con seguidores entre aliados de Trump, quien ha acusado a los consulados mexicanos de interferir en la política estadounidense y de promover la migración hacia el norte.
Para Ariel Ruiz Soto, analista sénior de políticas del Migration Policy Institute, cerrar consulados tendría efectos graves para inmigrantes mexicanos, sobre todo en zonas aisladas.
El trabajo consular incluye visitas a centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), donde funcionarios mexicanos buscan identificar y entrevistar a ciudadanos detenidos.
Con información de AP


