Un carro en llamas y una orden de deportación que no existía
El fuego no fue lo más peligroso. Tras el incendio de su auto, Guadalupe Perdomo enfrentó lo que miles viven en silencio: A veces, ser migrante te convierte en sospechoso antes que en víctima.

Un automóvil puede incendiarse por múltiples razones, la Asociación Nacional de Protección contra Incendios y prestadores de servicios contra incendios contabilizan no menos de 10 entre fallas mecánicas, eléctricas o causas externas, todas con potencial de causar muertes, choques múltiples o lesiones graves a quienes transitan. El 7 de abril de 2025, a las nueve de la mañana, Guadalupe Perdomo temió por su vida —y por su futuro también— cuando su carro se incendió en plena autopista, camino al Downtown de Houston. Pero al pedir ayuda, lo primero que recibió no fue auxilio de bomberos, sino preguntas de la policía sobre su estatus migratorio.
La urgencia no parecía estar en el vehículo en llamas, sino en descubrir si la mujer hispana que iba al volante era deportable o no.
Llegaron tres patrullas. Tras entregar su identificación, Guadalupe fue esposada por dos oficiales del Departamento de Policía de Houston, quienes la subieron a una patrulla y le explicaron que debían contactar al ICE (Oficina de Inmigración y Control de Aduanas), porque, según el sistema, ella —solicitante de asilo con una Visa Humanitaria en trámite— tenía una orden de deportación. Una hora después, la dejaron ir porque el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés) confirmó que se trataba de un error.
“Yo sentí mucho miedo y nervios, no sabía qué iba a pasar conmigo. Estaba montada en una patrulla sin poder llamar a nadie porque me habían quitado todas mis cosas”, relata.
Lo que para otros sería un procedimiento rutinario, para un inmigrante puede significar la cárcel o la deportación producto de la nueva agenda migratoria del actual gobierno de Donald Trump.
Al ser liberada, Guadalupe acudió a su abogada, Naimeh Salem. Ella explicó que, en el pasado, Guadalupe sí tuvo una orden de deportación por no asistir a una cita judicial, pero su equipo logró reabrir el caso y anular esa solicitud de remoción. Sin embargo, el sistema no había sido actualizado correctamente.
“Ahora, Guadalupe tiene un proceso de Visa- U. Ya determinaron que su aplicación es de buena fe. Ya tiene número de Seguro Social, permiso de trabajo y licencia de conducir”, aseguró Salem.
UN CAMINO FORJADO A PULSO
Perdomo llegó a Estados Unidos el 27 de marzo de 2018 desde un pueblo cafetero y agrícola de Honduras. Cruzó la frontera de Piedras Negras, Texas, con sus dos hijas de 16 y 17 años. Huyó de la violencia y las amenazas de muerte de quien entonces era su esposo. Su hijo menor, de 14 años, se quedó atrás. Dice que su esposo se lo quitó. Todavía llora cuando lo recuerda.
“Siempre tenía la posibilidad de llegar a ser lo que soy, pero siempre me faltaba algo, que era mi hijo (…) Hay que aprender a desprenderse para lograr hacer algo en la vida. Y para que no nos falte nada hay que trabajar muy duro”, dice como un mantra.
Como la mayoría de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos, la historia migratoria de Guadalupe Perdomo está forjada por el trabajo duro. Durante siete años se dedicó a limpiar casas, hasta que logró abrir su propia compañía de limpieza, pequeña pero con potencial para crecer. “Si Dios me lo permite”, dice ella.
Al principio le tocaba caminar 20 minutos hasta la parada del metro y otros 20 para regresar a casa, todos los días. En una de esas idas y venidas la asaltaron, maniataron y golpearon. En términos legales: fue víctima de secuestro y agresión agravada. Ese fue uno de los principales argumentos para solicitar la Visa U, o visa humanitaria, que aún está esperando.
Comenzó limpiando una casa. Luego, cuatro. Y más adelante, pudo abrir su propio negocio. Pero el camino no fue fácil. Durante todo el proceso sintió que debía esforzarse el doble para que a sus hijas no les faltara comida, vestimenta, calzado ni útiles escolares.
En 2022, su hijo menor —que ahora tiene 21 años— decidió reunirse con ella en Estados Unidos. Guadalupe le pidió ayuda a su abogada, quien se encargó de parte de los trámites y la logística.
Después del incendio de su vehículo y su breve detención, Guadalupe carga con una inquietud que no la abandona: ni siquiera tener los papeles en regla parece ofrecer garantías. En tiempos de incertidumbre, agradece contar con una asesoría legal accesible.
“¿A quién le pides ayuda? Vivimos con miedo (…) Solo Dios decidirá qué pasará con todos nosotros, los inmigrantes, en este país, porque no es fácil”, dice, visiblemente afectada.





