Cuadrillas de rescate locales e internacionales intensificaban el domingo la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros en Venezuela, cuatro días después de que dos potentes sismos sacudieran el estado norteño de La Guaira.
El gobierno informó el domingo por la tarde que 1,450 personas murieron a causa de los terremotos, mientras enfrentaba críticas cada vez mayores de venezolanos que consideran que su respuesta fue insuficiente y quedó opacada por los esfuerzos de civiles para rescatar a personas atrapadas bajo edificios derrumbados. Miles de personas siguen reportadas como desaparecidas, según varias bases de datos usadas por familias que buscan a sus seres queridos.
Aunque la posibilidad de encontrar personas con vida disminuía con cada hora, los rescatistas seguían sacando sobrevivientes de entre montañas de escombros, lo que daba a las familias angustiadas razones para mantener la esperanza. Las agencias de ayuda consideran que las primeras 48 a 72 horas después de un desastre natural son clave para rescatar personas con vida, aunque ese margen puede ampliarse si las víctimas tienen acceso a comida y agua.
Rescatistas de Estados Unidos y Francia sacaron el domingo por la mañana a un hombre y a su hijo de entre los escombros y los trasladaron con cuidado sobre una lona negra hasta una ambulancia. Multitudes se reunieron para observar el rescate mientras los sobrevivientes, cubiertos de polvo, recibían hidratación por vía intravenosa.
Más de 2,200 rescatistas de distintos países han llegado para efectuar labores de rescate, informó la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

AUMENTA LA TENSIÓN
La presidenta encargada, Delci Rodríguez, dijo el sábado en la televisión estatal que más de 14,000 integrantes de las fuerzas armadas y la policía patrullan el estado de La Guaira, donde el acceso permanece bloqueado y se requieren permisos especiales para entrar.
Muchas personas en las zonas afectadas dicen que han visto poca acción del gobierno. Sin embargo, las labores de rescate en La Guaira parecían más organizadas el domingo que en los días previos.
El desastre representa un enorme desafío para Rodríguez, la exvicepresidenta que asumió el cargo en enero tras la captura y expulsión a Estados Unidos del entonces presidente Nicolás Maduro. Venezuela arrastra un profundo desorden económico desde hace más de una década, y muchas personas rechazan la legitimidad del movimiento político que representa Rodríguez.
El gobierno venezolano informó el domingo que más de 770 estructuras se derrumbaron total o en parte por los terremotos, el doble de las reportadas como destruidas o dañadas el viernes.
Algunas personas trepaban sobre los restos de edificios y gritaban nombres, con la esperanza de escuchar alguna señal de vida. El polvo cubría comunidades costeras. Bajo un calor agobiante, cada vez más personas usaban mascarillas mientras se extendía el olor de la descomposición.
Sin cascos de obra ni otro equipo de protección, rescatistas y civiles usaban cascos de motocicleta mientras buscaban entre los escombros.
Algunos, frustrados por la respuesta del gobierno, impidieron que una excavadora saliera del lugar de un derrumbe y sacaron al operador de la cabina poco después de que trabajadores estatales se tomaran selfies frente a edificios reducidos a escombros y se marcharan sin ayudar. Funcionarios del partido gobernante suelen tomarse selfies para mostrar su participación en actos vinculados con el gobierno.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) advirtió que más de 6 millones de personas podrían verse afectadas, unas 2 millones tan solo en la capital, Caracas.
Expertos señalaron que la destrucción se agravó por la rápida sucesión de sismos superficiales. Durante días, réplicas menores sacudieron Caracas y las zonas golpeadas por los terremotos, incluida una de magnitud 4,8 registrada el sábado.
Equipos extranjeros de búsqueda y ayuda seguían llegando desde México, Estados Unidos, Brasil, El Salvador, Francia y otros países.

UN RAYO DE ESPERANZA
Para muchos, las imágenes de equipos internacionales de ayuda llegando y subiendo entre los escombros junto a ellos ofrecieron un rayo de esperanza.
Yonahí Regalado ha gritado los nombres de su hermana, su sobrino y ahijado de 1 año desde la 1:00 de la madrugada del día siguiente a los sismos, hasta que comenzaron a llegar los trabajadores de ayuda.
“No importa quién sea, si es de mi familia o es alguien más; si hay alguien con vida, que lo saquen”, dijo, mientras helicópteros sobrevolaban la zona.
Pequeños gestos de humanidad se mezclaban con el duelo y el terror.
Un video mostraba a un rescatista venezolano mientras consolaba a una mujer mayor atrapada bajo los escombros, asustada de que la estructura se viniera abajo si se movía.
“El techo no se va a mover. Si se viene el techo, yo me quedo aquí encerrado contigo”, le dijo.
El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, que presta servicio a Caracas, sufrió daños graves. Una pista estaba en operación y equipos de Estados Unidos trabajan para reparar esa vía crucial, dijo a reporteros Jeremy Lewin, un alto funcionario del Departamento de Estado a cargo de la asistencia exterior.
Con información de AP



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