Reseteo cerebral durante el verano. Entérate cómo funciona
Durante el verano, tu cerebro ve alteradas algunas de sus funciones debido a los cambios en el estilo de vida y en las condiciones ambientales, y se activa una red neural específica que te permite pasar buena parte del tiempo trabajando en ‘modo predeterminado o de reposo’.

Por Ricardo Segura, EFE – Reportajes
“Durante el verano, los hábitos cambian de forma significativa y esto conlleva también un cambio en el funcionamiento del cerebro”, según explica la neurocientífica Emilia Redolar, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en Cataluña, España.
Explica que “según estudios científicos, algunos comportamientos típicos de la estación estival, como el aumento de la vida social, la exposición a la luz natural o la práctica de actividades al aire libre, pueden tener efectos beneficiosos sobre la salud cerebral”.
“Estas acciones favorecen la plasticidad neuronal, reducen el estrés, mejoran el estado de ánimo y estimulan áreas clave como el hipocampo y el núcleo accumbens, implicadas en la memoria y la motivación”, según la profesora de la UOC.
Sin embargo, el verano no favorece el cerebro, ya que, según explica Redolar, “el exceso de luz solar, las altas temperaturas, el uso de pantallas digitales y el consumo de alcohol pueden deteriorar funciones ejecutivas y la flexibilidad cognitiva”.
CAMBIOS A FAVOR DE LA FUNCIÓN CEREBRAL
Vida social. “Las relaciones sociales de calidad reducen el impacto del cortisol (hormona del estrés) sobre el cerebro y, por lo tanto, mejoran nuestra salud cerebral”, en tanto que “el apoyo emocional, que aumenta con el buen tiempo, se convierte en un auténtico antídoto estival contra el estrés”, según Redolar.
Dieta saludable. “El verano favorece el consumo de alimentos frescos, lo que potencia las dietas que mejoran la memoria, la atención y la salud cerebral a largo plazo. Una dieta rica en fruta, verduras, cereales y frutos secos tiene también efectos positivos sobre el cerebro y la función cognitiva”, asegura la neurocientífica de la UOC.
Ejercicio físico. “El ejercicio aeróbico en verano no solo beneficia la salud cardiovascular, sino que estimula la plasticidad cerebral y favorece la formación de nuevas neuronas en la ‘formación hipocampal’, que es una estructura cerebral crítica para la memoria a largo plazo”, explica Redolar.

CAMBIOS QUE JUEGAN EN CONTRA DEL CEREBRO
Más horas de luz natural. Redolar señala que “la exposición a más horas de luz durante el verano puede mejorar el estado de ánimo”, pero también “provocar desajustes y afectar a la calidad del sueño”, el cual se asocia con un mayor volumen cerebral y mejores funciones cognitivas cuando es prolongado y en horarios regulares, según estudios recientes”.
Noches calurosas. Añade que las noches calurosas fomentan que retrasemos la hora de dormir y nos levantemos antes, y provocan despertares frecuentes y un sueño más corto y fragmentado, y que estos cambios afectan al núcleo supraquiasmático del hipotálamo, regulado por la luz solar, repercutiendo negativamente en la función cerebral.
Exceso de pantallas. “El uso intensivo de móviles, tabletas y otros dispositivos digitales durante el tiempo libre puede tener un impacto negativo en la atención sostenida y la flexibilidad cognitiva, dificultando mantener el foco atencional, cambiar de tarea con fluidez y adquirir información con eficacia, ya que afecta a la corteza prefrontal dorsolateral”, explica Redolar.
Bebidas alcohólicas. El aumento del consumo de alcohol durante el verano deteriora progresivamente la función ejecutiva y altera la toma de decisiones, ya que tiene impacto en regiones cerebrales clave, inhibiendo la corteza prefrontal, involucrada en la planificación y el juicio, y genera además dificultades a largo plazo desde un punto de vista cognitivo”, explica Redolar.
“El verano activa redes cerebrales que el estrés apaga el resto del año. El simple hecho de no trabajar disminuye los niveles de cortisol. Actividades recreativas como viajar, leer, caminar por la montaña o bañarse en el mar tienen un impacto positivo, disminuyendo el cortisol y activando el núcleo accumbens, que es fundamental para la motivación y el refuerzo”, concluye.

NUESTRO CEREBRO EN ‘MODO PREDETERMINADO’ O ‘POR DEFECTO’
“En vacaciones el cerebro utiliza con frecuencia una red neuronal que se activa cuando no tenemos nada que hacer: un ‘modo predeterminado’ de funcionamiento que favorece la ensoñación, la divagación, el recuerdo de experiencias personales, la autorreflexión y la previsión del futuro, explican desde SINC, medio de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología.
“Menos ocupados en tareas concretas que atraigan nuestra atención, en vacaciones tenemos más tiempo para estar ‘en las nubes’, utilizando nuestra ‘red cerebral por defecto’ (default mode network o DMN), un estado muy saludable para el cerebro”, según explica a SINC Carmen Cavada, catedrática de anatomía humana y neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid, en España.
Esta red cerebral está formada por un gran grupo de regiones de nuestro cerebro que se ‘encienden’ cuando soñamos despiertos o rememoramos recuerdos, y está más activa cuando el cerebro no está concentrado en el mundo exterior, y durante los estados de procesamiento sensorial pasivo, ha explicado Vinod Menon, neurocientífico de la Universidad de Stanford, según informa SINC.
Esta misma fuente añade que un trabajo publicado en la revista ‘Brain’, señala que esta red funciona todo el tiempo, aunque con distinto grado de activación y mantiene conexiones con el resto de redes neuronales del cerebro implicadas en funciones superiores, permitiendo mantener un flujo espontáneo de consciencia.
El estado del cerebro cuando no hace nada concreto, podría considerarse como la ‘cuna’ de la creatividad, y depende fundamentalmente de la ‘red por defecto’, según Ben Shofty, neurocirujano experto en neurociencia de la Universidad de Utha (EE.UU.), que dirigió el trabajo publicado en Brain.
Pero esa creatividad ‘gestada’ durante las vacaciones no se experimenta inmediatamente, sino que precisa unos días después de la vuelta a la rutina diaria y retomar el trabajo para manifestarse, según otro trabajo publicado en la revista ‘Frontiers in Psychology’, concluye SINC.
LA RED CEREBRAL DE ‘NO HACER NADA Y ESTAR EN LAS NUBES’.
Francisco José Esteban Ruiz, profesor Titular de Biología Celular, en la Universidad de Jaén (Andalucía, España), califica a la red neuronal por defecto (default mode network o DMN), o red de reposo, como la “red cerebral de no hacer nada” y considera que es la red principal y más importante para el funcionamiento del cerebro.
Pese a su nombre, la DMN “es la (red cerebral) que más energía consume de todas las redes cerebrales, y aunque suene paradójico, este circuito es el responsable de planificar, razonar, tomar decisiones, e incluso de juzgar, y trabaja de un modo más creativo cuando estamos descansando y no cuando ponemos todo nuestro esfuerzo en resolver el problema”, según Ruiz.
De modo general, el buen funcionamiento de todas las demás redes cerebrales pasa por la DMN y se basa en su inhibición y activación, puntualiza Ruiz en un artículo publicado en el portal de divulgación académica ‘The Conversation’.
Según este profesor universitario, podemos entrenar y mantener sana esta “red de no hacer nada”.
Se trata de practicar algunas actividades que encajan perfectamente en las vacaciones de verano, cuando estamos más relajados, sin horarios ni obligaciones, y menos expuestos al estrés y la ansiedad que experimentamos el resto del año.
Por ejemplo, podemos entrenar la DMN durmiendo la siesta, dejando divagar nuestra mente para inspirarnos, así como distraídos, sin reflexión intencionada, o incluso permitiendo que la atención gire y yerre por nuestro interior, de un modo abstraído y relajado”.
“Y es mucho mejor si hacemos esto mientras paseamos o practicamos algún ejercicio físico suave, porque todo ello contribuye a que seamos más creativos, y ha sido definido como un descanso cognitivo inteligente”, concluye el profesor Ruiz.

