Dejaron sus países cuando todavía eran muy jóvenes. Dicen tener más raíces estadounidenses que del país donde nacieron, y lo único que esperaban para demostrarlo era tener en sus manos sus certificados de ciudadanía estadounidense.
Ahora celebran ser ciudadanos legalizados. Lo primero que piensan es que podrán votar, y aportarán su granito de arena al país que los vio crecer y les dio todas las condiciones para tener una buena calidad de vida.
“Ser ciudadano significa que van a escuchar tu voz porque aquí tu voto cuenta. Hacerte ciudadano te ayuda a tener más estabilidad y ser una persona más libre”, dijo con orgullo el mexicano Ernesto González, quien en abril de este año juramentó como ciudadano.

Contó que se registró para votar en la misma ceremonia donde le entregaron el certificado de ciudadanía, y ya le entregaron la tarjeta electoral. “Estoy listo para votar, para ver cómo podemos hacer un cambio en el país”, agregó.
Por su parte, el nicaragüense Salvador Sobalvarro contó que él deseaba “poder votar”.
Pero ambos coincidieron en que no fue fácil: Sobalvarro tuvo que aplicar dos veces porque la primera vez su solicitud fue rechazada, y González esperó más de 20 años e incluso fue estafado por un supuesto abogado.

Sobalvarro llegó al país cuando era un bebé. Su mamá lo llevó a EE. UU. y él nunca esperó que le aceptaran la ciudadanía. Pasaron muchos años para que tomara esa decisión, aunque siempre se sintió estadounidense.
“Hablo mejor inglés que español y nunca sufrí de discriminación. Yo soy de aquí”, asegura.
Luego de terminar sus estudios secundarios, cursó la carrera de mecánico automotriz y de técnico en refrigeración y aire acondicionado, y ahora se dedica a instalar equipos de aire acondicionado a domicilio.
González, en cambio, llegó a EE. UU. en 1994, cuando tenía alrededor de 20 años. Contaba con una visa, ingresó al país y se quedó a buscar trabajo. Asegura que llegó a tener tres trabajos al mismo tiempo para poder comer y ahora trabaja en una compañía de energía que fabrica postes de luz.

A UNO UNA ABOGADA LE AYUDÓ, A OTRO UN ABOGADO LE ESTAFÓ
González contó a La Esquina TX que, en su afán de acceder a la petición de residencia por parte de su mamá y de su hermano, consultó a un abogado quien, según la publicidad que escuchó en la radio, se dedicaba a agilizar el proceso. Se contactó con la supuesta secretaria y ella le aseguró que en seis meses le entregarían la residencia.
“Yo no lo puedo creer y le digo ‘¿Estás segura de eso?’ Y me dijo, ‘Sí, es que tú ya estás adentro’. Esto es bien fácil, bien sencillo y aquí está. Llega el momento en el que pago $2,500 y todo el mundo desapareció. Ya no pude localizarla ni a ella ni al abogado. Empiezo a investigarlo en Facebook y encontré que tenía varias quejas”, contó.
También descubrió que su licencia de profesional había sido emitida en Kansas, por lo que decidió radicar dos denuncias allí: una para exigir que le devuelvan su dinero y sus documentos, y la otra para que el abogado dejara de ejercer.

“Durante un tiempo, casi un año, al abogado le quitaron su licencia. Estuve amenazado por su gente, pero nunca tuve miedo. Inclusive me dio cheques sin fondos, pero logré recuperar mi dinero y papeles”, agregó.
“Lo mío fue un poquito complicado, pero se logró gracias a la abogada Naimeh Salem. Ella se encargó de todo el proceso las dos veces”, relató Sobalvarro en entrevista con La Esquina TX. Conoció a la abogada a través de unos amigos de su esposa quienes le recomendaron a la profesional.
La primera vez le negaron y le observaron los documentos, ya que tenía antecedentes penales (de los cerca de 40 años que vivió en Miami; vive en Houston hace siete años). Según Sobalvarro, esos antecedentes tienen un error: él había comprado un carro que resultó ser clonado; pagó una fianza y también le dieron un período de libertad vigilada de seis meses. Ahora, su esposa está tramitando la residencia.
PRIMERO, LA GREEN CARD; LUEGO, LA CIUDADANÍA
En 1998, González, con la ayuda de su hermano, presentó sus papeles para solicitar la residencia. Sin embargo, pasaron 20 años antes de que se convirtiera en residente legal. Una vez que obtuvo la Green Card, solicitó la ciudadanía estadounidense.
Con la ayuda de un amigo abogado, quien le guio con la aplicación y el proceso, y su sobrino, quien lo ayudó a completar los formularios del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS), inició la solicitud.

A LOS MIGRANTES: “NO SE DEN POR VENCIDOS”
González y Sobalvarro dieron un mensaje a aquellos inmigrantes que aspiran a obtener la ciudadanía americana: es posible, pero hay que tener mucha paciencia y perseverancia.
“No se den por vencidos y sigan adelante, aunque les digan que no. La cuestión es perseguir su sueño. Es bien difícil cuando uno está con una residencia y te tienen en el limbo, estás prestado aquí, hay que cambiar la mentalidad”, sugirió Sobalvarro.
González explicó que “si eres residente legal, no te toma mucho tiempo hacerte ciudadano. Es una ventaja, pero las principales son: no te pueden quitar la ciudadanía por ningún motivo; dicen que sí, pero no. La otra es que puedes traer a tu familia, hermanos, padres, hijos y no batallas”.
