Pagar con tarjeta: por qué algunos comercios cobran recargos y otros no
Las comisiones que imponen las redes de tarjetas explican por qué muchos comercios trasladan al cliente un recargo por pago con crédito. Sin embargo, los supermercados y tiendas de abarrotes suelen absorber el costo.

No todos los comercios que aceptan tarjetas de crédito cobran un recargo adicional al cliente. De hecho, algunas tiendas, sobre todo supermercados, abarrotes o comercios de venta de productos varios, deciden absorber el costo de procesar la tarjeta en lugar de trasladarlo al consumidor.
La razón fundamental es que muchas de estas tiendas tienen márgenes suficientemente cómodos —o un volumen de ventas tan alto— como para distribuir el costo de las comisiones de procesamiento sin que ello afecte de forma considerable su rentabilidad.
Ese costo que se quiere evitar es el de las comisiones de procesamiento: cada vez que un cliente paga con tarjeta, el comercio usualmente debe pagar una tarifa bancaria, además de otros posibles cargos por el uso de redes de pago o por los servicios del procesador.
Para ciertos negocios, principalmente aquellos cuyos márgenes son estrechos o cuyas ventas se componen de muchas transacciones pequeñas, ese costo representa una proporción significativa de los ingresos, lo que los lleva a trasladar la carga al cliente mediante un recargo visible, según la página especializada POS Nation.
Pero para comercios de abarrotes o supermercados, mantener un precio competitivo y evitar molestar a clientes habituales puede hacer más sentido absorber el cargo.
De ese modo, aunque acepten pagos con tarjeta, no imponen un recargo adicional.
Muchos analistas señalan que esa estrategia permite evitar “sorpresas” al cliente al momento de pagar, y al mismo tiempo mantener la comodidad de aceptar tarjetas sin sacrificar márgenes.
Este contraste —entre negocios que recargan y otros que no— revela una decisión estratégica del comerciante: dependerá del volumen, del margen, del tipo de clientela y de la filosofía del negocio.
Mientras algunos priorizan la transparencia del costo y lo transfieren al consumidor, otros optan por asumirlo como parte del costo de hacer negocios.
Para el consumidor, esto significa que usar la tarjeta puede ser más cómodo —y más caro— en ciertos lugares, mientras que en otros seguirá siendo igual de sencillo pero sin el sobrecargo.
Por eso, conviene fijarse en letreros, preguntar al pagar y evaluar si conviene más efectivo, débito o crédito.
Con información de Marketplace y POS Nation


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